Una de las
drogas más antiguas y más consumidas es la sustancia que se extrae de los
brotes floridos de la planta del cáñamo.
El cáñamo o cannabis es una planta conocida desde la prehistoria cuyas fibras
han sido de gran utilidad (ropa, calzado, cuerdas, etc.) y su semilla se ha
usado formando parte de diversos productos alimenticios. Esta droga también fue
utilizada en la medicina y por supuesto como uso lúdico y recreativo. La mayor
parte de los botánicos están de acuerdo en considerar tres especies de esta
planta:
-
Cannabis Sativa (más común en
Europa y África). Es la más alta con 2 a 5 metros y sus ramificaciones son
bastante separadas.
-
Cannabis Índica (Sudeste Asiático),
de 1 a 1,5 metros, densamente ramificada y con forma piramidal.
-
Cannabis Rudelaris (Rusia), la más
pequeña con medio metro de altura y con pocas o ninguna ramificación.
Existen
actualmente muchos híbridos de estas razas puras. Esto se ha visto potenciado
fundamentalmente por los cultivos artificiales de invernadero, en los que se
buscan cruces con un mayor rendimiento, considerando mayor rendimiento una
mayor concentración de principio activo
y ciclos de vida más rápidos.
Patrones de
uso.
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El hachís
es la resina que proviene de la parte superior de la planta. Suele contener un
10-20% del principio activo delta-9-tetrahidrocannabinol (THC). Se presenta en
forma de barra o bolas y se fuma o se ingiere (mezclado con algún alimento
graso). En argot se denomina chocolate o costo.
Puede
presentarse también en forma de aceite, con una mayor concentración del
principio activo secretado por la planta con un 15-30% , o incluso más, de THC.
La
marihuana está formada por las flores secas de la planta. Suele contener un
6-14% de THC. Se consume fumada en forma de cigarrillos, mezclada con tabaco o
en pipa. En el argot se le llama hierba, maría, marijuana, etc.
Las vías de
administración más utilizadas son la inhalada-fumada y la vía oral, siendo la
primera más rápida en su acción.
El consumo
abarca desde un uso ocasional (en fiestas, fines de semana, etc.), hasta un uso
compulsivo. El uso experimental es muy común, sobre todo en los adolescentes,
para comprobar de primera mano los efectos de la sustancia. Según algunos
estudios aproximadamente el 10% de las personas que han privado el cannabis
continúan su consumo crónico, aunque al final de la segunda década de su vida o
en la treintena dejan de consumirlo.
Existe un
tipo de consumo terapéutico entre enfermos mentales, ya que parece ser que el
consumo de esta sustancia alivia síntomas psicológicos (ansiedad, depresión,
etc.) e incluso efectos secundarios de la medicación. Sería una especie de “automedicación”
por parte del sujeto enfermo buscando en cierta manera un equilibrio. Hay
teorías que relacionan el consumo de drogas como búsqueda de un bienestar que
falta.
También
existe el consumo de cannabis buscando du efecto terapéutico en enfermedades
que cursan con dolor, vómitos, anorexia, tales como procesos oncológicos, SIDA,
etc.
Intoxicación
por cannabis.
Los efectos
aparecen rápidamente tras inhalar el humo de un cigarrillo de cannabis, con un
pico máximo a los 10-30 minutos. Estos efecto duran aproximadamente tres horas.
Por vía
oral se necesita aumentar la dosis de 2 a 4 veces para presentar los mismos
efectos que al ser fumado.
La
intensidad de los efectos psíquicos y físicos que aparecen tras el consumo de
cannabis van a verse modificados por la interacción de diferentes factores:
droga (calidad, cantidad, forma de consumo, etc.), individuo (personalidad,
estado de ánimo, expectativas del consumo, etc.) y del ambiente (conocido o
desconocido, lugar tranquilo, en grupo, etc.).
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El consumo
de cannabis suele producir sensación de bienestar, euforia, relajación o
hiperestimulación, somnolencia, a veces risas espontáneas, impresión de que el
tiempo pasa más lentamente, despersonalización, alteraciones en la percepción,
déficit de la atención, dificultades en la coordinación, aumento de la
suspicacia y retraimiento social (a veces), reacción conjuntival, aumento del
apetito, sequedad de boca, taquicardia, trastorno delirante (en ocasiones),
interrupción de la continuidad del discurso (lagunas), lenguaje monótono,
desinhibición, etc.
Dependencia,
tolerancia y síndrome de abstinencia.
La
tolerancia es debida fundamentalmente a factores farmacodinámicos de adaptación
a nivel del SNC y a la inducción enzimática, se relaciona también con la dosis
y el tiempo. Se produce tolerancia tanto a sus efectos físicos como
psicológicos, en consecuencia, los consumidores crónicos deben consumir mayores
cantidades para conseguir los mismos efectos. El cannabis presenta tolerancia
cruzada con el alcohol y los opiáceos.
La
dependencia viene marcada por su consumo diario o casi diario, provocando
dependencia psicológica en mayor o menor grado dependiendo del individuo y
otras características. Estudios recientes han demostrado la capacidad de
provocar neuroadaptación.
No hay un
cuadro de abstinencia característico. Algunos autores señalan que los síntomas
más frecuentes son cansancio, debilidad, sueño, ansiedad, inquietud, bostezos,
depresión, alteraciones del sueño, taquicardia, alucinaciones visuales o
auditivas, etc. Si administramos un antagonista cannábico provocaremos un
visible síndrome de abstinencia, mientras que de manera natural es difícil
observarlo por su paulatina eliminación.
Riesgos
para la salud.
En consumidores
crónicos se puede encontrar ansiedad, confusión, miedo (que puede progresar a
pánico o a una clara patología paranoide), exacerbación de la depresión,
psicosis cannábica, síndrome amotivacional (son una serie de características de
comportamiento, la persona se muestra más pasivo, sin interés por las cosas,
con pérdida de memoria y dificultades para solventar los problemas). Este
síndrome, descrito por primera vez en esta sustancia ha sido luego aplicado a
los consumidores de otros tóxicos.
Además el
uso prolongado puede producir complicaciones crónicas que afectan al sistema
respiratorio, provocando irritación bronquial y pulmonar, al sistema endocrino,
ginecomastia, reducción de la cantidad y calidad del esperma en los hombres. El
consumo durante el embarazo hace que se produzca disminución del peso del
recién nacido, y un incremento en las posibilidades de nacimientos con
malformaciones.
Aspectos a
tener en cuenta si se decide consumir.
-
No mezclar con alcohol u otras
drogas, ya que los efectos podrían interactuar y provocar consecuencias no deseadas.
-
Un consumo elevado, hacerlo con el
estómago vacío o mezclarlo con alcohol, incrementa las posibilidades de que
aparezcan bajones de tensión, mareos o vómitos.
-
Si se consume por vía oral, tener
en cuenta que los efectos tardarán más en aparecer, pero lo harán de una forma
más duradera. No incrementar la dosis a los pocos minutos pensando que no ha
hecho efecto.
-
No conducir o realizar otras
actividades potencialmente peligrosas bajo los efectos de esta droga.

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