Formas de
presentación.
La hoja de
coca es la forma de consumo habitual en Sudamérica y se suelen consumir
masticadas (en este caso se suele alcalinizar con ceniza o calcio el medio
bucal para facilitar la absorción) o en infusión. Este producto contiene del
0,5 al 1,5% de principio activo.
La pasta de
coca, base de coca o basuco es el primer producto que se extrae en el proceso
de manufacturación de la cocaína. La base de coca se obtiene añadiendo ácido
sulfúrico, keroseno o parafina a las hojas de coca maceradas. Así se produce el
sulfato de cocaína. Este preparado contiene del 40-90% de sulfato de cocaína.
Se suele consumir fumada o mezclada con tabaco o marihuana.
Tratando la
base de coca con ácido clorhídrico se obtiene el clorhidrato de cocaína. Contiene
del 12-75% de clorhidrato de cocaína. Se consume por vía nasal o endovenosa.

La cocaína
base (free base, crack) se obtiene mezclando el clorhidrato de cocaína con una
solución básica (amoniaco, bicarbonato sódico). Una vez hecho esto se filtra el
precipitado o se disuelve con éter y se deja que se evapore. Este producto se
presenta en forma cristalizada formando pequeñas piedras. Contiene del 10-80%
del alcaloide cocaína. Se consume por inhalación nasal o fumada.
Diversos
análisis químicos de la sustancia muestran una creciente adulteración con
anfetaminas y cafeína. Un estudio a partir de 46 muestras de cocaína encontró
una riqueza media del 36%.
Pautas de
consumo.
Las pautas
de consumo muestran una gran variabilidad en cuanto a frecuencia, regularidad,
dosis y medio social. Podemos encontrar variaciones que van desde dosis bajas
de uso diario a dosis elevadas. Hay personas que mantienen un consumo
controlado y otras que hacen un uso compulsivo de la sustancia. También se
puede consumir con finalidad social recreativa o de forma solitaria. Por lo
general, el riesgo de dependencia correlaciona con una alta frecuencia de dosis
elevadas de la sustancia. Por otra parte, la prevalencia de consumo de cannabis
y alucinógenos es mayor entre los consumidores de cocaína que entre los de
opiáceos.
Se han
identificado cuatro patrones básicos de consumo:
- Uso
experimental: Es un uso periódico de cocaína que se alterna
con el consumo de otras sustancias. Se usaría la cocaína buscando nuevos
efectos psicoactivos.
- Uso
recreativo: Estos sujetos son semejantes a los bebedores
sociales y suelen presentar un consumo controlado. El uso de la cocaína suele
facilitarles el contacto social y utilizan el producto por su efecto
estimulante. Este consumo es muy infrecuente en fumadores de crack o en consumidores de cocaína vía intravenosa.
- Consumo
circunstancial: Son sujetos que consumen la cocaína en
ciertas condiciones o situaciones particulares: inspiración, vacaciones,
fiesta, experiencia de combate, etc. En este caso el consumo no es accidental
sino que el sujeto presenta una conducta de búsqueda de la droga pero limitada
a la exposición a determinadas situaciones o circunstancias.
- Uso
intensificado: Es un patrón de consumo diario y,
habitualmente, por vía intranasal.
- Consumo
compulsivo: En estos casos, el consumo de cocaína se
convierte en el organizador de la propia vida. La alteración del ámbito social,
físico y psicológico del sujeto es visible. La cantidad de sustancia consumida,
frecuencia, duración y gasto económico se va incrementando progresivamente sin
que pueda ser controlado por el sujeto. Este es el patrón típico de los
fumadores de crack.
Por lo
general, los adictos a la cocaína suelen tener escasa conciencia sobre su
dependencia. Muchas veces hay que llevarlos al autoconvencimiento de que son
verdaderos adictos. Suelen decir que toman la sustancia cuando quieren, o les
apetece y que no tienen problemas con la cocaína. Aunque el patrón de consumo
compulsivo es el más fácil de identificar suele ser muy infrecuente en nuestro
contexto.
Respecto a
la evolución a través de estos patrones de consumo parece ser que los sujetos
suelen ir incrementando el número de los consumos recreacionales a lo largo del
tiempo hasta que acaban teniendo problemas con la cocaína. Los consumidores
recreacionales o experimentales que
persisten en el uso de la cocaína suelen llegar a un uso compulsivo de la
sustancia. No obstante, no se sabe el tiempo que tarda en ocurrir esto ni las
variables relacionadas con el paso de un tipo de consumo a otro.
Efectos de
la cocaína sobre el organismo.
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La cocaína
es un estimulante del SNC y los efectos que produce en el sujeto por esta
estimulación son: euforia, excitación, locuacidad, sensación de gran fuerza
física y agudeza mental. Todo esto va acompañado de una serie de
manifestaciones físicas que son el resultado del efecto estimulante de la
cocaína a nivel de los distintos aparatos y sistemas del organismo.
Efectos de
la cocaína en el sistema nervioso simpático y aparato cardiovascular:
La cocaína
produce un estímulo sobre los receptores alfa y beta adrenérgicos dando lugar a
un aumento de la actividad simpática, pudiendo llegar a producir:
- Vasoconstricción por efecto
simpático periférico.
- Aumento de la presión arterial.
- A dosis bajas produce bradicardia
por la depresión del nodo sinusal, y taquicardia a dosis altas.
- Aumento de la frecuencia cardíaca y
de la fuerza de contracción, fundamentalmente por estímulo de los receptores.
- Midriasis, temblor y sudoración.
Efectos de la
cocaína sobre la temperatura corporal:
Debido a la
vasoconstricción, la cocaína da lugar a un aumento de la actividad muscular.
También disminuye la pérdida de calor por lo que se incrementa la temperatura.
Además, aumenta la temperatura corporal por pérdida del control dopaminérgico
de receptores hipotalámicos reguladores de la temperatura, por agotamiento de
los depósitos de dopamina, con hipertermia de rebote. Esta hipertermia puede
dar lugar a convulsiones, las cuales pueden ocasionar muerte súbita con dosis
bajas pero continuas de la droga.
Efectos de
la cocaína sobre el Sistema Nervioso Central:
La cocaína
es un potente estimulante del SNC, pero sus efectos dependen de factores tales
como el tipo de consumidor, ambiente social, dosis y vía de administración. De
esta forma una dosis moderada puede ocasionar:
-
Sensación de mayor energía y de
aumento de lucidez.
-
Disminución del apetito.
-
Elevación del estado de ánimo.
-
Mayor rendimiento en ciertas
tareas.
-
Disminución de la sensación de
fatiga.
-
Hiperactividad motora, verbal e
ideativa.
-
Insomnio.
Si la administramos por vía intravenosa, produce una
sensación de flash descrita como sensación análoga al orgasmo sexual e
intensamente placentera. En algunos casos se puede apreciar:
- Alteración de la percepción y de la
capacidad crítica y discriminativa, como por ejemplo tomar decisiones erróneas.
- Pseudoalucinaciones táctiles (arena
debajo de la piel, bichos que corretean…) auditivas (críticas y reproches…) y
visuales (copos de nieve brillantes o coloreados característicos de los
consumidores).
- Conducta estereotipada, bruxismo y
movimientos compulsivos.
También hay que diferenciar los efectos
producidos por la cocaína en un único
consumo y en un consumo crónico. De esta forma cuando el consumo es único se produce euforia,
sensaciones de engrandecimiento, de mayor capacidad sexual y mental, aumenta la
sociabilidad, disminuye la fatiga y aumenta la energía. Además se produce
hiperactividad de reflejos y aumento de la frecuencia cardíaca, respiratoria y
presión arterial. Cuando se trata de un consumo crónico se produce depresión,
desinterés sexual e impotencia, irritabilidad, ansiedad, insomnio, pérdida de
peso, dificultad para concentrarse, suspicacia, pueden aparecer alucinaciones
visuales y táctiles, ideas delirantes y llegar a la psicosis paranoide.
Dependencia,
tolerancia y síndrome de abstinencia.
El
potencial de dependencia de la cocaína es alto debido a que sus efectos
placenteros duran muy poco tiempo y llevan a la repetición del consumo y al
aumento de la cantidad de droga consumida. La tolerancia, el uso y adquisición
compulsiva de la droga y los síntomas de abstinencia son claves para el
diagnóstico de dependencia.
Esta droga
posee un alto potencial de abuso independientemente de la vía de
administración. Sin embargo, dos factores muy importantes en la génesis del
refuerzo positivo y en la capacidad de producir dependencia son la magnitud del
efecto y el tiempo de aparición. Actualmente se considera que la cocaína base o
crack fumada y el clorhidrato de cocaína administrado por vía intravenosa tienen
un mayor potencial de abuso que la cocaína administrada por vía intranasal, debido
a que la intensidad de sus efectos y la rapidez con la que aparecen es mayor.
Aunque
parezca que la cocaína se puede consumir de forma inocua o recreativa, los
cambios bioquímicos en el sistema nervioso central producidos de forma
acumulativa añadidos al refuerzo positivo de la droga, pueden convertir su uso
esporádico en uso compulsivo. Por tanto, la cocaína genera un alto potencial de
abuso provocando de forma progresiva una necesidad inmediata de droga que en
individuos susceptibles suple otros intereses.
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La mayoría
de los consumidores de esta sustancia necesitan aumentar la dosis de forma
progresiva, incrementar la frecuencia de uso y/o cambiar la vía de
administración, para conseguir efectos similares a los obtenidos anteriormente
con dosis inferiores. Se ha observado un desarrollo de tolerancia a algunos efectos centrales de la cocaína:
euforia, elevación del estado de ánimo, eectos cardiorrespiratorios y
convulsivos. La administración de dosis altas y repetidas de cocaína puede dar
lugar a una tolerancia aguda (taquifilaxia) que aparece de forma rápida por depleción
del neurotransmisor y agotamiento subsecuente en la terminal presináptica. Sin
embargo, con dosis bajas y repetidas se ha descrito la llamada tolerancia
inversa por sensibilización del SNC, esto es, se consiguen los mismos efectos
con dosis menores o administradas intermitentemente.
La
suspensión brusca de la administración de cocaína da lugar a una sintomatología
que reúne las condiciones para ser considerada como síndrome de abstinencia.
Esta sintomatología se caracteriza por: depresión, dificultad para
concentrarse, letargia, insomnio,
irritabilidad, ansiedad, anergia, cambios en el apetito, náuseas, enlentecimiento
motor, trastornos en el ritmo del sueño, hipersomnia, anhedonia, disforia y
deseo de la sustancia (craving).
Intoxicación
por cocaína.
Algunas de
las alteraciones que se pueden producir durante o inmediatamente después del
consumo de cocaína son las siguientes:
- Trastornos de ansiedad, principalmente
crisis de pánico.
- Trastornos psicóticos agudos.
- Cuadros de delirium.
- Trastornos depresivos (incluso con
ideas suicidas transitorias).
Cabe
destacar la llamada borrachera cocaínica, caracterizada por consumos
compulsivos con intervalos de 10-15 minutos, denominados “atracones” o binges.
Su clínica es similar a la manía: impulsividad, irresponsabilidad,
hipersexualidad, desinhibición eufórica, grandiosidad, agitación psicomotora
extrema, y aveces ideación paranoide. Además tiene unos síntomas físicos tales
como taquicardia, arritmias, hipertensión, sudoración, midriasis, náuseas y
vómitos, fiebre e incluso colapso cardíaco. En algunos casos se puede
desarrollar un episodio maníaco que requeriría tratamiento específico.
Consumo
crónico de cocaína.
Existe un
periodo de silencio clínico en el consumidor crónico de cocaína en el que el
usuario se siente seguro ya que el consumo de droga no parece repercutirle a
nivel orgánico ni psíquico, ni en las relaciones laborales y sociofamiliares.
Una de las consecuencias más graves de este consumo crónico es el fenómeno de “encendido”
o kindling, manifestado por un incremento de la sensibilidad de varios sistemas
neuronales, que explicaría el incremento de la ansiedad, irritabilidad y de las
ideas y el comportamiento paranoide, sin necesidad de aumentar la dosis de
consumo. La cocaína tiene un gran impacto sobre la dopamina y de forma
indirecta sobre otros neurotransmisores. Por esta razón el consumo a largo
plazo produce múltiples trastornos del comportamiento entre los que se
encuentran:
- Trastornos del estado de ánimo,
tanto depresivos como maníacos.
- Crisis de pánico.
- Esquizofrenia de tipo paranoide.
- Trastorno delirante, principalmente
de tipo paranoide.
- Trastornos en la sexualidad como la
impotencia y la frigidez sexual.
- Trastornos de la alimentación. Un
15% presenta anorexia nerviosa o bulimia.
Estos
trastornos del comportamiento, una vez que aparecen, suelen tener una evolución
propia, en la que la supresión del consumo no siempre garantiza un mejor
pronóstico.
Aspectos a
tener en cuenta si se decide consumir.
- Mayor poder adictivo y probabilidad
de aparición de efectos adverso si se consume por vía intravenosa o inhalada.
- No mezclar con alcohol, ya que al
tener efectos opuestos, se incrementa la cantidad consumida de ambas
sustancias. Además, al combinarse se sintetiza una tercera sustancia en el
hígado (cocaetileno) que incrementa los efectos adictivos y tóxicos de la
cocaína.
- No compartir el “turulo” o "rulo" con otras
personas para prevenir el contagio de ciertas enfermedades como la hepatitis.
- Especialmente peligroso si existe
alguna patología cardíaca previa, o trastorno psicológico.
- No conducir bajo sus efectos.

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