16 de marzo de 2015

Cocaína

Formas de presentación.

La hoja de coca es la forma de consumo habitual en Sudamérica y se suelen consumir masticadas (en este caso se suele alcalinizar con ceniza o calcio el medio bucal para facilitar la absorción) o en infusión. Este producto contiene del 0,5 al 1,5% de principio activo.
La pasta de coca, base de coca o basuco es el primer producto que se extrae en el proceso de manufacturación de la cocaína. La base de coca se obtiene añadiendo ácido sulfúrico, keroseno o parafina a las hojas de coca maceradas. Así se produce el sulfato de cocaína. Este preparado contiene del 40-90% de sulfato de cocaína. Se suele consumir fumada o mezclada con tabaco o marihuana.

Tratando la base de coca con ácido clorhídrico se obtiene el clorhidrato de cocaína. Contiene del 12-75% de clorhidrato de cocaína. Se consume por vía nasal o endovenosa.

La cocaína base (free base, crack) se obtiene mezclando el clorhidrato de cocaína con una solución básica (amoniaco, bicarbonato sódico). Una vez hecho esto se filtra el precipitado o se disuelve con éter y se deja que se evapore. Este producto se presenta en forma cristalizada formando pequeñas piedras. Contiene del 10-80% del alcaloide cocaína. Se consume por inhalación nasal o fumada.
Diversos análisis químicos de la sustancia muestran una creciente adulteración con anfetaminas y cafeína. Un estudio a partir de 46 muestras de cocaína encontró una riqueza media del 36%.

Pautas de consumo.

Las pautas de consumo muestran una gran variabilidad en cuanto a frecuencia, regularidad, dosis y medio social. Podemos encontrar variaciones que van desde dosis bajas de uso diario a dosis elevadas. Hay personas que mantienen un consumo controlado y otras que hacen un uso compulsivo de la sustancia. También se puede consumir con finalidad social recreativa o de forma solitaria. Por lo general, el riesgo de dependencia correlaciona con una alta frecuencia de dosis elevadas de la sustancia. Por otra parte, la prevalencia de consumo de cannabis y alucinógenos es mayor entre los consumidores de cocaína que entre los de opiáceos.
Se han identificado cuatro patrones básicos de consumo:
-   Uso experimental: Es un uso periódico de cocaína que se alterna con el consumo de otras sustancias. Se usaría la cocaína buscando nuevos efectos psicoactivos.
-  Uso recreativo: Estos sujetos son semejantes a los bebedores sociales y suelen presentar un consumo controlado. El uso de la cocaína suele facilitarles el contacto social y utilizan el producto por su efecto estimulante. Este consumo es muy infrecuente en fumadores de crack  o en consumidores de cocaína vía intravenosa.
-  Consumo circunstancial: Son sujetos que consumen la cocaína en ciertas condiciones o situaciones particulares: inspiración, vacaciones, fiesta, experiencia de combate, etc. En este caso el consumo no es accidental sino que el sujeto presenta una conducta de búsqueda de la droga pero limitada a la exposición a determinadas situaciones o circunstancias.
-  Uso intensificado: Es un patrón de consumo diario y, habitualmente, por vía intranasal.
-  Consumo compulsivo: En estos casos, el consumo de cocaína se convierte en el organizador de la propia vida. La alteración del ámbito social, físico y psicológico del sujeto es visible. La cantidad de sustancia consumida, frecuencia, duración y gasto económico se va incrementando progresivamente sin que pueda ser controlado por el sujeto. Este es el patrón típico de los fumadores de crack.

Por lo general, los adictos a la cocaína suelen tener escasa conciencia sobre su dependencia. Muchas veces hay que llevarlos al autoconvencimiento de que son verdaderos adictos. Suelen decir que toman la sustancia cuando quieren, o les apetece y que no tienen problemas con la cocaína. Aunque el patrón de consumo compulsivo es el más fácil de identificar suele ser muy infrecuente en nuestro contexto.
Respecto a la evolución a través de estos patrones de consumo parece ser que los sujetos suelen ir incrementando el número de los consumos recreacionales a lo largo del tiempo hasta que acaban teniendo problemas con la cocaína. Los consumidores recreacionales  o experimentales que persisten en el uso de la cocaína suelen llegar a un uso compulsivo de la sustancia. No obstante, no se sabe el tiempo que tarda en ocurrir esto ni las variables relacionadas con el paso de un tipo de consumo a otro.

Efectos de la cocaína sobre el organismo.


La cocaína es un estimulante del SNC y los efectos que produce en el sujeto por esta estimulación son: euforia, excitación, locuacidad, sensación de gran fuerza física y agudeza mental. Todo esto va acompañado de una serie de manifestaciones físicas que son el resultado del efecto estimulante de la cocaína a nivel de los distintos aparatos y sistemas del organismo.

Efectos de la cocaína en el sistema nervioso simpático y aparato cardiovascular:

La cocaína produce un estímulo sobre los receptores alfa y beta adrenérgicos dando lugar a un aumento de la actividad simpática, pudiendo llegar a producir:
-  Vasoconstricción por efecto simpático periférico.
-  Aumento de la presión arterial.
-  A dosis bajas produce bradicardia por la depresión del nodo sinusal, y taquicardia a dosis altas.
- Aumento de la frecuencia cardíaca y de la fuerza de contracción, fundamentalmente por estímulo de los receptores.
-  Midriasis, temblor y sudoración.

Efectos de la cocaína sobre la temperatura corporal:

Debido a la vasoconstricción, la cocaína da lugar a un aumento de la actividad muscular. También disminuye la pérdida de calor por lo que se incrementa la temperatura. Además, aumenta la temperatura corporal por pérdida del control dopaminérgico de receptores hipotalámicos reguladores de la temperatura, por agotamiento de los depósitos de dopamina, con hipertermia de rebote. Esta hipertermia puede dar lugar a convulsiones, las cuales pueden ocasionar muerte súbita con dosis bajas pero continuas de la droga.

Efectos de la cocaína sobre el Sistema Nervioso Central:

La cocaína es un potente estimulante del SNC, pero sus efectos dependen de factores tales como el tipo de consumidor, ambiente social, dosis y vía de administración. De esta forma una dosis moderada puede ocasionar:
-          Sensación de mayor energía y de aumento de lucidez.
-          Disminución del apetito.
-          Elevación del estado de ánimo.
-          Mayor rendimiento en ciertas tareas.
-          Disminución de la sensación de fatiga.
-          Hiperactividad motora, verbal e ideativa.
-          Insomnio.
Si la administramos por vía intravenosa, produce una sensación de flash descrita como sensación análoga al orgasmo sexual e intensamente placentera. En algunos casos se puede apreciar:
-   Alteración de la percepción y de la capacidad crítica y discriminativa, como por ejemplo tomar decisiones erróneas.
-  Pseudoalucinaciones táctiles (arena debajo de la piel, bichos que corretean…) auditivas (críticas y reproches…) y visuales (copos de nieve brillantes o coloreados característicos de los consumidores).
-   Conducta estereotipada, bruxismo y movimientos compulsivos.
 También hay que diferenciar los efectos producidos por la cocaína  en un único consumo y en un consumo crónico. De esta forma cuando  el consumo es único se produce euforia, sensaciones de engrandecimiento, de mayor capacidad sexual y mental, aumenta la sociabilidad, disminuye la fatiga y aumenta la energía. Además se produce hiperactividad de reflejos y aumento de la frecuencia cardíaca, respiratoria y presión arterial. Cuando se trata de un consumo crónico se produce depresión, desinterés sexual e impotencia, irritabilidad, ansiedad, insomnio, pérdida de peso, dificultad para concentrarse, suspicacia, pueden aparecer alucinaciones visuales y táctiles, ideas delirantes y llegar a la psicosis paranoide.

Dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia.

El potencial de dependencia de la cocaína es alto debido a que sus efectos placenteros duran muy poco tiempo y llevan a la repetición del consumo y al aumento de la cantidad de droga consumida. La tolerancia, el uso y adquisición compulsiva de la droga y los síntomas de abstinencia son claves para el diagnóstico de dependencia.
Esta droga posee un alto potencial de abuso independientemente de la vía de administración. Sin embargo, dos factores muy importantes en la génesis del refuerzo positivo y en la capacidad de producir dependencia son la magnitud del efecto y el tiempo de aparición. Actualmente se considera que la cocaína base o crack fumada y el clorhidrato de cocaína administrado por vía intravenosa tienen un mayor potencial de abuso que la cocaína administrada por vía intranasal, debido a que la intensidad de sus efectos y la rapidez con la que aparecen es mayor.
Aunque parezca que la cocaína se puede consumir de forma inocua o recreativa, los cambios bioquímicos en el sistema nervioso central producidos de forma acumulativa añadidos al refuerzo positivo de la droga, pueden convertir su uso esporádico en uso compulsivo. Por tanto, la cocaína genera un alto potencial de abuso provocando de forma progresiva una necesidad inmediata de droga que en individuos susceptibles suple otros intereses.

La mayoría de los consumidores de esta sustancia necesitan aumentar la dosis de forma progresiva, incrementar la frecuencia de uso y/o cambiar la vía de administración, para conseguir efectos similares a los obtenidos anteriormente con dosis inferiores. Se ha observado un desarrollo de tolerancia  a algunos efectos centrales de la cocaína: euforia, elevación del estado de ánimo, eectos cardiorrespiratorios y convulsivos. La administración de dosis altas y repetidas de cocaína puede dar lugar a una tolerancia aguda (taquifilaxia) que aparece de forma rápida por depleción del neurotransmisor y agotamiento subsecuente en la terminal presináptica. Sin embargo, con dosis bajas y repetidas se ha descrito la llamada tolerancia inversa por sensibilización del SNC, esto es, se consiguen los mismos efectos con dosis menores o administradas intermitentemente.
La suspensión brusca de la administración de cocaína da lugar a una sintomatología que reúne las condiciones para ser considerada como síndrome de abstinencia. Esta sintomatología se caracteriza por: depresión, dificultad para concentrarse,  letargia, insomnio, irritabilidad, ansiedad, anergia, cambios en el apetito, náuseas, enlentecimiento motor, trastornos en el ritmo del sueño, hipersomnia, anhedonia, disforia y deseo de la sustancia (craving).

Intoxicación por cocaína.

Algunas de las alteraciones que se pueden producir durante o inmediatamente después del consumo de cocaína son las siguientes:
-    Trastornos de ansiedad, principalmente crisis de pánico.
-    Trastornos psicóticos agudos.
-    Cuadros de delirium.
-    Trastornos depresivos (incluso con ideas suicidas transitorias).
Cabe destacar la llamada borrachera cocaínica, caracterizada por consumos compulsivos con intervalos de 10-15 minutos, denominados “atracones” o binges. Su clínica es similar a la manía: impulsividad, irresponsabilidad, hipersexualidad, desinhibición eufórica, grandiosidad, agitación psicomotora extrema, y aveces ideación paranoide. Además tiene unos síntomas físicos tales como taquicardia, arritmias, hipertensión, sudoración, midriasis, náuseas y vómitos, fiebre e incluso colapso cardíaco. En algunos casos se puede desarrollar un episodio maníaco que requeriría tratamiento específico.

Consumo crónico de cocaína.

Existe un periodo de silencio clínico en el consumidor crónico de cocaína en el que el usuario se siente seguro ya que el consumo de droga no parece repercutirle a nivel orgánico ni psíquico, ni en las relaciones laborales y sociofamiliares. Una de las consecuencias más graves de este consumo crónico es el fenómeno de “encendido” o kindling, manifestado por un incremento de la sensibilidad de varios sistemas neuronales, que explicaría el incremento de la ansiedad, irritabilidad y de las ideas y el comportamiento paranoide, sin necesidad de aumentar la dosis de consumo. La cocaína tiene un gran impacto sobre la dopamina y de forma indirecta sobre otros neurotransmisores. Por esta razón el consumo a largo plazo produce múltiples trastornos del comportamiento entre los que se encuentran:
- Trastornos del estado de ánimo, tanto depresivos como maníacos.
-  Crisis de pánico.
-  Esquizofrenia de tipo paranoide.
-  Trastorno delirante, principalmente de tipo paranoide.
-  Trastornos en la sexualidad como la impotencia y la frigidez sexual.
-  Trastornos de la alimentación. Un 15% presenta anorexia nerviosa o bulimia.
Estos trastornos del comportamiento, una vez que aparecen, suelen tener una evolución propia, en la que la supresión del consumo no siempre garantiza un mejor pronóstico.

Aspectos a tener en cuenta si se decide consumir.

-   Mayor poder adictivo y probabilidad de aparición de efectos adverso si se consume por vía intravenosa o inhalada.
-  No mezclar con alcohol, ya que al tener efectos opuestos, se incrementa la cantidad consumida de ambas sustancias. Además, al combinarse se sintetiza una tercera sustancia en el hígado (cocaetileno) que incrementa los efectos adictivos y tóxicos de la cocaína.
-   No compartir el “turulo” o "rulo" con otras personas para prevenir el contagio de ciertas enfermedades como la hepatitis.
-   Especialmente peligroso si existe alguna patología cardíaca previa, o trastorno psicológico.

-   No conducir bajo sus efectos.

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